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UN HUERTO ACCESIBLE E INCLUSIVO. CAPITULO 2: ‘DIS(u)EÑA TU SUEÑO’

UN HUERTO ACCESIBLE E INCLUSIVO

Capítulo 2. ‘’Dis(u)eña tu sueño’’.

En el anterior post hago referencia a que la única manera de lograr un objetivo es dar el primer paso.

Sea cual sea. El segundo irá después.

Yo ya había comenzado a andar mi camino hacia mi huerta mandala accesible. Tenía el trozo de tierra que necesitaba y ya habíamos realizado todas las tareas de limpieza. Estaba todo listo y preparado para empezar a labrar.

Ahora vendría la siguiente incógnita. ¿Cómo coj**** lo hago?

Empecé a preguntar a la gente mayor del pueblo. Me dieron muchos consejos sobre como hacer las cosas, pero cuando les contaba que quería plantar en círculos y crear un mandala con los diferentes cultivos, la respuesta solía ser ‘’Xiquet, ací no fem eixes coses’’.

Como soy una persona bastante cabezota y cuando quiero algo voy a por ello, empecé a diseñar planos a escala de como imaginaba y visualizaba el huerto.

Para mí lo más importante era conseguir distribuir el riego para que llegase a todas las partes del mandala, y a la vez, trazar ‘un recorrido’ entre los bancales para que la silla de ruedas OnTrack pueda desplazarse por todo el terreno.

Es aquí donde empiezo a DIS(u)EÑAR mi SUEÑO mediante planos y dibujos.

Creo que es muy importante visualizar las cosas que queremos conseguir. Soñar que son reales.

Hacernos imágenes mentales de cada detalle. Pienso firmemente que todas estas proyecciones nos acercan a conseguir materializar nuestras ideas en el plano físico.

Así que me puse a dibujar intentando solventar los diferentes retos que se planteaban.

Primer problema: El riego.

Aquí se utiliza el riego por surcos que distribuyen el agua que baja por la acequia.

En este punto el dilema era como trazar los diferentes canales de agua para que, por una parte, rieguen todos los recovecos del mandala, y por otra, dejen suficiente espacio para que la silla pueda desplazarse sin tener que atravesarlos.

El segundo problema venía de la mano del primero: Cómo y por dónde trazar el recorrido de la silla.

Después de mucho investigar, leer, mirar el huerto, dibujar y redibujar, tracé un diseño que, en principio, cumplía con todos los requisitos.

¡Y AHORA SI!

Llegaba el momento de coger las herramientas

de mi abuelo y empezar marcar el campo para cavar los diferentes surcos de agua y crear los bancales que formarían el mandala.

Me encanta el trabajo del campo, y ha sido super divertido.

Poco a poco los círculos iban cogiendo cada vez más forma. Las personas que pasaban por allí

siempre se quedaban mirando y me preguntaban que qué estaba haciendo. Y cuando se lo contaba alucinaban un poco, pero lo veían muy interesante. ‘’Això pareix lo que fan els extraterrestres’’ me decía algun@ que otr@.

Aquí os dejo algunas fotos del proceso.

Una vez tuve el mandala marcado y labrado, y los surcos del agua listos, había que hacer la prueba

del riego y comprobar que todo el mandala se alimenta con agua de manera regular.

El resultado lo podéis comprobar vosotr@s.

Un espectáculo visual. Brutal.

Objetivo conseguido.

La silla se puede mover perfectamente entre los bancales de siembra. La forma ha quedado muy bonita y cada vez más, se acerca a la imagen mental que había visualizado semanas antes.

¡Ahora ya está todo listo!

El siguiente paso es decidir lo que vamos a plantar, y esperar a mitad de marzo para hacer la primera siembra.

He dividido el terreno en 3 zonas principales: El mandala, donde plantaré diferentes hortalizas haciendo asociaciones entre ellas, el huerto farmacéutico, donde plantaré diferentes plantas con propiedades medicinales, y el huerto aromático, que estará formado por plantas aromáticas.

Con forme pasan los días y todo va cogiendo forma, se me pasan por la cabeza millones de ideas para llevar a cabo, pero os las cuento en el próximo capítulo.

¡Esto ya no hay quién lo pare! ¡Hasta pronto!

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